Paternidad (o algo por el estilo)

(click acá para la versión en inglés)

Hace unos años, una de mis mejores amigas creó el concepto de ser “una mujer con un perro” para definir ese momento en que se ha alcanzado un cierto punto en la vida, un determinado status social. Ese día yo me estaba quejando acerca de alguna nota en un final o algo así de trivial, y ella me dijo: “Dani, cuando seas una mujer con un perro ni siquiera te vas a acordar de esto, así que no te hagas problema ahora”. Iani siempre tiene algo cierto e inteligente para decirme.

Aún no soy una mujer con un perro, pero sí soy una chica con gatos. Probablemente Iani tenía razón. Esto de alguna manera pone las cosas en perspectiva.

Después de vivir juntos por más de un año, Nico y yo decidimos tener un gato. Bueno, esa era su idea; yo quería dos, para que se hiciesen compañía. Al final, gané yo. En una noche lluviosa, manejamos hasta el refugio y las adoptamos: Berta y Bandida. Esa noche cambió nuestras vidas, de una forma que no nos habíamos imaginado.

Bandida (izquierda) y Berta (derecha)

Ya llevan dos meses con nosotros. Yo había tenido gatos antes, pero era completamente diferente. Estas son nuestras gatas. Mis gatas. Es difícil de describir, pero nunca antes me había sentido tan responsable por otra vida. De alguna manera, nos convertimos en padres,  por mucho que me resistí a aceptarlo al principio.

Esta “paternidad” se ha vuelto aún más obvia en los últimos días. Nos tomamos este fin de semana, vamos a pasarlo en una cabaña con unos amigos. Le pedimos a un amigo que nos cuidase a las gatas y estábamos listos para irnos. Sin embargo, Berta se enfermó el jueves, y después de llevarla al veterinario el viernes nos quedó muy claro que no podíamos dejarla en casa sola. Que íbamos a hacer? Llevarnos a la gata con nosotros por el fin de semana? En serio? Sí, era nuestra única opción. Nos llevaríamos a nuestra bebé felina con nosotros…

Y lo hicimos. Dejamos a Bandida en casa; nuestro amigo se encargaría de cuidarla. Y nos llevamos a Berta con nosotros en el auto (la tuve en mi falda durante las 2 horas de viaje). Uno de los que venían a la cabaña con nosotros es terriblemente alérgico a los gatos, así que tuvimos que mantener a Berta en nuestra habitación todo el tiempo. La primera noche estuvo bien; ella durmió en medio de los dos o encima mío, ronroneando la mayor parte del tiempo. Lo primero que Nico me preguntó al levantarse fue “cómo está la gata?”. Durante el desayuno, les dio a todos un detallado parte médico sobre la gata, sin preguntarse si al resto le importaba o no. Al volver a nuestra habitación la encontramos comiendo… Qué dicha! Miramos en sus piedritas… Qué dicha!

El resto del fin de semana pasó perezosamente; Berta se mejoró (yo no podía evitar sonreir cada vez que la veía comiendo) y la alergia de nuestro amigo no se disparó. Lo único malo era el sentimiento de culpa por haber dejado a Bandida sola en casa.

Yo sé que esto no es paternidad. Pero nos estamos acercando.

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